Campañas electorales en tiempo de pandemia

¿Cómo encarar una campaña electoral en un escenario de incertidumbre y cansancio social? Las estrategias tradicionales basadas en el contacto directo, las reuniones masivas y una publicidad con promesas de un futuro mejor no serían las más adecuadas para llegar a una sociedad agobiada por 18 meses de pandemia.

Una de las principales preocupaciones de la dirigencia política es cómo encarar las campañas electorales en este contexto de pandemia. Y no solamente por las restricciones que impiden hacer actos masivos o visitas casa por casa, sino especialmente por el humor de la sociedad tras 18 meses de esta nueva “experiencia de vida” caracterizada por la incertidumbre, el miedo, las pérdidas, el malestar y la inseguridad.

Uno de los impactos más fuertes de la pandemia por Covid19 está relacionado con la afectación directa de los vínculos sociales: la imposibilidad del abrazo, la pérdida de espacios compartidos con seres queridos, la disminución de la vida social, la incorporación de hábitos de distanciamiento, el riesgo permanente a un contagio que sigue siendo invisible. Así, lo público, lo social, los encuentros se transformaron en espacios hostiles, en lugares de riesgo, donde se deben tomar todos los recaudos para evitar contactos estrechos.

En forma paralela, los expertos en salud mental señalan los signos del agotamiento que produce este prolongado escenario de incertidumbre: primero ante el desconocimiento de la nueva enfermedad; luego ante la pérdida de empleo y el cierre de actividades económicas; también respecto de los resultados de la vacunación y la aparición de nuevas cepas. La presencia latente de la muerte -eso de lo que no se quiere hablar de manera cotidiana porque abruma-, se suma a la dificultad real de pensar horizontes de futuro.

Agotamiento, miedo, cansancio e incertidumbre forman un combo poco propicio para escuchar discursos electorales con promesas simplificadas de un futuro mejor. La mala gestión de la pandemia agudizó el descreimiento en la clase política y las discusiones transformadas en peleas para la televisión, que solo instalan el espectáculo del escándalo, son rechazadas por la población. De hecho, muchos consideran que en estas elecciones será menor la concurrencia a las urnas y quizás aumente el voto en blanco o anulado, como expresión de hartazgo social hacia la política.

Entonces, ¿cómo diseñar una campaña que atienda esta situación? En primer lugar, teniendo presente este contexto social. No es posible transmitir un mensaje si no se reconoce el contexto donde va a cobrar sentido. Y, por supuesto, diferenciar el escenario nacional de las realidades locales.

En segundo lugar, poniendo como prioridad la escucha del otro y sus problemas. La política debe recuperar ese rasgo que la caracterizó mucho tiempo, de representar a los ciudadanos: una representación que se basa en el diálogo que sabe escuchar lo que la gente quiere, sus temores, sus deseos y sus expectativas.

Finalmente, comprendiendo el rol que cumplen las distintas tecnologías de la comunicación y la pertinencia de los diferentes métodos y formatos para contar, transmitir y presentar las razones del voto.

Mucha emoción a flor de piel como para caer con discursos vacíos de contenido, que ya nadie cree.

 

Lic. ANDREA VALSAGNA

 

Fotos créditos: Un votante, en el colegio electoral de Ordizia, España. /EFE /Javier Etxezarreta

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