Turismo: cuáles son las alternativas para lograr la reactivación

Se trata de uno de los sectores económicos más afectados por la pandemia. ¿Qué experiencias están pensando los centros turísticos y cuáles son los cambios de consumo que se vienen?

La pandemia de COVID-19 ha hecho desmoronar el turismo en todo el planeta desde mediados de marzo. Si bien en el verano europeo y el caribe latinoamericano comienzan a ensayarse algunas respuestas, las incertidumbres todavía le siguen ganando a las certezas. Lo que sí está claro es que al finalizar el 2020 todos vamos a necesitar vacaciones y que las ciudades deben pensar ahora cómo adaptarse a la “nueva normalidad”.

En este contexto de crisis no solo económica, la reactivación del turismo interno debe pensarse como un factor dinamizador de las economías regionales, que preserve pymes y rescate empleos, potenciando la recuperación de pueblos y ciudades.

Según datos oficiales, hasta que se declaró la pandemia el turismo aportaba en la Argentina US$5400 millones anuales de exportaciones, movilizaba $165.000 millones en consumo interno y empleaba de manera directa a 1,3 millones de personas. Ya en abril, FEHGRA (la Federación que nuclea al sector hotelero y gastronómico) vaticinaba que el 70% de las empresas corría riesgo de vida, con el enorme impacto que eso tiene en el empleo directo e indirecto.

¿Qué posibilidades existen de sostener estas fuentes de ingreso en el marco de una situación donde aún las certezas no están?

Ya estamos viendo buenas iniciativas, como la desarrollada por el Área de Desarrollo Territorial de la Secretaría de Extensión y Vinculación de la Universidad Nacional de Cuyo, que brinda una Capacitación de Gestión Integral de Riesgo Aplicada a la actividad turística en contexto de pandemia en los municipios del Valle de Uco y el Secano en Mendoza.

También existen estrategias del estilo “Futuro Viaje” implementado en Puerto Madryn o “Comprá hoy, viajá mañana” concretada en Salta, que resultan políticas creativas e ingeniosas de poder generar recursos para sostener el presente a cambio de servicios que se prestarán en los meses venideros. Además, devuelve la lógica del ahorro a la inversión en turismo, a contraposición del “disfruto ahora” y pago al regreso (para adelante, en cuotas), características de los últimos años.

En ese sentido, las ciudades y los prestadores de los centros turísticos serán los que deben aprovechar este tiempo para ir ajustando los protocolos, apuntando a que sean los propios lugareños los que se vayan acostumbrando a las nuevas formas de convivencia. También es necesario que se elaboren estrategias de atención sanitaria ante posibles contagios, en función de la cantidad de turistas que se espere atraer en cada lugar.

La formulación de estas estrategias requieren una mirada experta que considere las idiosincrasias de nuestras ciudades, sus capacidades de infraestructura y generar las condiciones de gestión del riesgo que lleve tranquilidad necesaria a quienes las eligen para descansar.

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