La resiliencia digital, una dimensión a incorporar

La digitalización de nuestra vida social y doméstica ha adquirido para muchos su máxima expresión en las últimas semanas a raíz del aislamiento social, preventivo y obligatorio. Conversaciones familiares, reuniones de trabajo, las clases de alumnos de todos los niveles y los momentos de ocio, los trámites, las compras y ventas… pareciera que todo intercambio empieza a resolverse en la pantalla. Pero la realidad ha profundizado aún más la brecha económica y cultural entre quienes están servidos por la conectividad y la alfabetización digitales.

Es esta dimensión que se ha comenzando a medir y estudiar en los últimos años y que se sintetiza como resiliencia digital del hogar: se conforma a partir de la capacidad de las familias de acceder e interactuar con aplicaciones relacionadas con el cuidado de la salud, con la educación, con plataformas fintech y de uso de comercio electrónico de todo el comercio minorista.

Del asunto se ocupa un informe publicado por el Observatorio de la Corporación Andina de Fomento (CAF) del Ecosistema Digital que se puede conocer ingresando a ww.caf.com; su propósito es precisamente contribuir a la reflexión sobre el impacto de la pandemia del COVID-19 y plantear propuestas para mitigar sus efectos en América Latina y el Caribe.

Entre sus valiosas reflexiones refiere a un análisis econométrico del impacto económico que tuvo el virus SARS-CoV en el 2003, el que demuestra que aquellos países con mayor infraestructura de banda ancha fueron capaces de contrarrestar, al menos parcialmente, los efectos negativos de aquella pandemia: los países con una infraestructura de conectividad desarrollada pudieron mitigar en un 75% las pérdidas económicas asociadas con la situación epidemiológica y el impacto socio-económico de las medidas sanitarias tomadas para contrarrestarlo (cuarentena, distanciamiento social, interrupción de tráfico aéreo, uso de mascarillas, etc.).

Puntualmente respecto de la brecha digital familiar es contundente al señalar que se viene profundizando, debido a que el uso de Internet en gran parte de los hogares latinoamericanos que han adoptado Internet se limita a herramientas de comunicación y redes sociales. El índice compuesto de resiliencia digital del hogar muestra que el promedio ponderado latinoamericano es de 30,70 (en una escala de 1 a 100) mientras que los países de la OCDE alcanzan a 53,78.

La diferencia entre países dentro de la región es de gran magnitud: por un lado, encontramos a Chile con un índice de 41,78 y al otro extremo, Bolivia con 6,23. En definitiva: la penetración de Internet per se no indica un elevado grado de resiliencia digital del hogar latinoamericano.

Qué pasa con los gobiernos

El estudio arroja mejores noticias respecto de la resiliencia digital en el aparato del Estado frente a la pandemia, la que está basada en su capacidad para seguir funcionando en términos de procesos administrativos, así como para continuar entregando servicios públicos.

El cálculo del índice compuesto de resiliencia del aparato del Estado indica que, debido al trabajo de años en el desarrollo de gobierno electrónico, ciertas naciones de la región parecen estar mejor posicionados para afrontar la disrupción: en particular, Chile, Uruguay, México, Brasil y Argentina.

Recomendaciones

En resumen, reconociendo que la digitalización puede jugar un papel fundamental en mitigarlos efectos de la pandemia, la CAF considera fundamental que los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil latinoamericana conformen un acuerdo de colaboración y trabajo conjunto que permita en el muy corto plazo identificar aquellas áreas de trabajo para mejorar el desempeño de ciertos componentes del ecosistema digital.

Entre algunas de las iniciativas a tomar, se recomienda acelerar el despliegue de mayor cantidad de radiobases para banda ancha móvil, una serie de acciones de carácter técnico para mejorar en cantidad el flujo de la conectividad y los desarrollos de plataformas, el impulso a la innovación en el sector comercial y productivo y enfatizar, con la misma prioridad, la capacitación de los sectores sociales más vulnerables para poder enfrentar la desocupación.

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