Las Supermanzanas, un nuevo modelo urbano

Nacida en Barcelona, la propuesta es la base del llamado Urbanismo Ecosistémico, que apunta a una reinvención de la morfología de la ciudad para que las personas se conviertan en ciudadanos que ejercen en el espacio público los derechos de intercambio, cultura, ocio y entretenimiento, expresión y manifestación, además del derecho de circulación.

El Urbanismo Ecosistémico es la base de un nuevo modelo urbano que se diseñó Salvador Rueda, el Director de la Agencia de Ecología Urbana para Barcelona y que podría ser replicado en muchas de nuestras ciudades. El planteo se dibuja en tres mapas: en altura, en superficie y en subsuelo, para integrar el conjunto de variables y los principios que deben enfrentar los desafíos que intenta resolver.

La propuesta se organiza sobre la necesidad de definir e integrar un modelo de ciudad del conocimiento, en tanto la sostenibilidad urbana y el hecho de haber entrado en la nueva era de la información y el conocimiento son los principales desafíos a enfrentar en este comienzo de siglo. De allí parte entonces esta nueva definición de urbanismo que se erige como una de las herramientas básicas para construirlos. Su implementación se organiza a partir de lo que llama las “supermanzanas”, que pretenden ser la base del modelo funcional de cualquier ciudad.

La lógica parte de considerar que más de las tres cuartas partes de los municipios catalanes tienen menos de 6.000 habitantes y también capitales de condado. Estos sistemas urbanos tienen la mayoría de los equipamientos de una ciudad más grande. En tanto, cada supermanzana de Barcelona cuenta con una población promedio de superior a 6.200 habitantes, por lo que se deduce que cada una de ellas debe recibir la atención urbana que merece una jurisdicción con tal población.

Características

Cada supermanzana entonces, se configura como una pequeña «ciudad» y busca que la densidad de población y sus actividades den una masa crítica determinada que genere espacio público que represente el 75% de la superficie delimitada, lo cual hace viable el transporte público y a su vez, la posibilidad de ejercer los derechos ciudadanos al intercambio, la cultura, el ocio y el entretenimiento, además del derecho de circulación.

También se busca la máxima habitabilidad en el espacio público: que sea confortable; esto es, sin ruido, sin contaminación del aire y con el máximo confort térmico; que sea atractivo, con una gran diversidad de actividades, con actividades atractivas, con la máxima biodiversidad; y que sea ergonómico: accesible, con espacio libre para ejercer todos los derechos y con una buena relación entre las alturas construidas y los anchos de las calles.

De esta forma, en las supermanzanas la mayoría de los desplazamientos se realizan a pie, en bicicleta y en transporte público, hay diversidad de actividades económicas, asociaciones e instituciones para que atiendan las necesidades y den servicio a los residentes y también al modelo de ciudad del conocimiento.

La máxima biodiversidad y fertilidad es otro de los pilares del modelo, sabiendo que las ganancias ambientales y sociales que proporcionadas son indispensables. Y además, con “autosuficiencia metabólica máxima”: agua, energía y materiales con recursos renovables, por cuanto la reutilización y el reciclaje de los residuos pueden suponer una recuperación sustancial de los materiales.

De igual manera, la rehabilitación de edificios en las supermanzanas es básica para incorporar los objetivos del Urbanismo Ecosistémico, así como la incorporación de todos los servicios e infraestructuras para la gestión del flujo de datos y flujos metabólicos.

En definitiva, las supermanzanas son “nuevas células urbanas”, como lo explica su creador, de unos 400 o 500 metros de lado, en donde la periferia se articula como si fueran vías básicas conectadas unas con otras en una red que permite el paso de vehículos, mientras su interior se transforma en un lugar donde transitar y permanecer viviendo el espacio público.

Es el momento ideal para planificar y actuar. La pandemia nos obliga a pensar y desarrollar estrategias de cercanía como la supermanzana u otras, como la “ciudad de los 15 minutos” o las denominadas “zonas calmas”, o los “camino escolares”, en definitiva políticas públicas que intenten reconstruir y no sólo recuperar el espacio público de nuestras ciudades.

 

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